Hace unos meses me surgió la oportunidad de hacerme con un teléfono con Android, porque un hamijo quería deshacerse de él y me lo dejaba bien de precio. Es, en concreto, un HTC Magic. Pero ese dato es irrelevante, porque de lo que vamos a hablar es del sistema operativo.

Android, por si alguien anda despistado, es un sistema operativo para móviles y similares, al estilo del que tiene el iPhone, pero creado por Google. Lo guay es que está basado en Linux y es software libre, lo cual es mu gonico.
Lo malo: que lo bonito se acaba ahí. El sistema operativo base es software libre, sí, pero todo lo demás no lo es. Ni siquiera las aplicaciones oficiales de Google (que además, relataré ahora después, son realmente perversas). No había pensado en este pequeño detalle cuando me compré el teléfono, pero para mí lo arruina por completo.
Veréis, quizá vosotros no, pero yo llevo mucho tiempo ya acostumbrada a lo bueno. Acostumbrada a GNU/Linux, (y al maravilloso sistema de paquetes de Debian, para más inri). Acostumbrada a que el software esté allí para ayudarte y hacerte la vida más fácil, o al menos para intentarlo en la medida que buenamente pueda, pero desde luego NO para joderte.
Por eso, el usar Android me ha hecho llevarme las manos a la cabeza demasiado a menudo. He presenciado cosas que me parecen realmente aberrantes y malvadas, algunas de ellas que dejé atrás hace años, y otras que de hecho nunca tuve la oportunidad de experimentar en mis propias carnes.
Ya desde el primer momento de uso del teléfono empiezan los palos: te hace falta una cuenta de Google para usar (casi) todas las aplicaciones de Google. TODAS (en los comentarios apuntan que para usar Google Maps no es necesario, lo cual es cierto… ¡pero para todas las demás sí! ¿eh?). A ver, a mí que me pidan meter la cuenta de google para acceder a mi Gmail me parece no solo lógico, sino necesario. Que me la pidan para poder sincronizar mi calendario con GoogleCalendar online, evidentemente también. Pero… ¿que no me dejen usar el calendario OFFLINE si no me conecto primero y meto mi cuenta? ¿que no me dejen acceder a un repositorio para descargar aplicaciones tampoco? Me parece ya un abuso.
Oh, y hablando del repositio de software (o tienda de aplicaciones, como prefieras llamarlo), el Android Market. A todo el mundo le encanta, y es más cómodo que bajarte de internet las cosas una a una, desde luego… aunque personalmente, me parece feo, desordenado y lleno de mierda que nadie quiere. Pero dejemos eso al margen aquí. De lo que me voy a quejar ahora es de las malas prácticas que ejerce Google con este programita. Cuando lo vas a usar por primera vez, te dan una EULA para que la aceptes. Yo, como no me fiaba un pelo, me la leí antes. Me llevé entonces una sorpresa muy desagradable: en la EULA te dicen que, si deciden que una aplicación del Market no les gusta, tienen derecho a borrarla no solo de allí, sino de tu teléfono. ¡Tócate los cojones! Al igual que ya hiciese en su día del Kindle de Amazon, borrando libros sin previo aviso a gente que los había comprado, Google puede hacer lo mismo con programas por los que tú has pagado legítimamente. Es el colmo de lo perverso, y Google no se si habrá hecho uso ya de este «derecho» que se reserva, pero ya nos ha avisado de que lo hará cuando le venga en gana. Para mí, esta ya es razón suficiente para no utilizar el Market…
Si solo fuese el software de Google, al menos… Pero es que el software de terceros es en ocasiones hasta peor. He instalado algunas aplicaciones que, siendo gratis, un buen día han dicho de repente «Ey, tengo una nueva versión en el Market, y quiero que te la instales así que te voy a joder hasta que lo hagas». La forma de joder varía, a veces el programa se bloquea durante un minuto, otras directamente se cierra sin darte opción a usarlo… Un encanto, vamos…
También están las que hacen igual que Google y te obligan a registrarte y estar logueado para que puedas usarlas, aunque sea totalmente innecesario. Uno de los casos más locos ha sido el de una aplicacion para ver pdfs que en lugar de ejecutarse localmente en el teléfono, te hace subir el pdf a sus servidores, ellos lo convierten a un formato que android puede leer de forma nativa, y te lo envían de vuelta. ¿Pero qué coño? Oh, y si te comprabas la verisión pro, ¡te daban más espacio para subir pdfs!
Otra cosa que está cada vez más de moda son los típicos programitas que son un simple visor de contenidos obtenidos de internet. Un programa de un pavo para leer digg. Un programa de un pavo para acceder al akinator. Un programa de un pavo para acceder a una colección de recetas online… El nuevo internet de pago accesible a través de canales y subscripciones, que ojalá, nunca acabe de cuajar…
Y en general, todo el universo Android está empapado en una filosofía más parecida a la que rodea al iPhone que a aquella que a mí me gusta. Es posible evitar todas estas aplicaciones perversas… pero es muy dificil. Las de Google, sin ir más lejos, forman una parte tan fundamental del sistema, que si las dejas de lado éste se queda cojo. Como además funcionan bien y son gratis, todo el mundo considera que vas a querer usarlas, y no se molesta en facilitarte alternativas. Así por ejemplo, ocurre un suceso muy curioso. En Android tienes dos maneras de instalar aplicaciones: una es desde el Market , y otra es consiguiéndolas por tu cuenta (buscándolas en internet, por ejemplo) e instalándolas manualmente. Bien, pues si pasas del Market y optas por este segundo método, lo que ocurre, es que cuando buscas en internet una aplicación, si es una que en el Market está de pago es bastante fácil encontrarla piratona para bajar desde megaupload. Sin embargo, si la aplicación está disponible gratis en el Market es practicamente imposible de encontrar fuera de él. Ni siquiera en la web oficial del software. Allí te remiten al market (entre otras cosas, porque creo que Google les da chuches si consiguen muchas descargas en el market). De hecho, me quedé flipando cuando en un lugar donde mantenían una colección de aplicaciones subidas por los usuarios, en el formulario para subir te decían «No subas aplicaciones gratuitas, para eso ya está el Market». Esa es la mentalidad de los usuarios de Android. E ir contra ella es nadar contracorriente.
Si es que como suele ocurrir, el señor RMS parece un exagerado, pero sus palabras son La Verdad: de nada te sirve tener un sistema operativo libre si empiezas a contaminarlo con software no libre. Y si ya llegas al extremo de que ninguna de tus aplicaciones es libre, entonces te comes los mocos, estás completamente a merced de las compañías propietarias de ellas. Y como encima estas tengan mala fé, caso de la mayoría de aplicaciones de Android, chungo tema.
¿Por qué, entonces, no me deshago del cacharrito, si tan poco me gusta? Porque tristemente, todo lo que hay ahora mismo en concepto de teléfonos móviles me parece igual de malo o peor. Un móvil, para satisfacerme a mí, tendría que tener la filosofía del software libre, y no la de Apple. Y de momento no hay de eso.
De hecho, fijáos en lo que os digo: a día de hoy, me parece, para mi gusto, más cómodo y menos maligno Windows Mobile que Android. Sobre todo, porque Windows Mobile todavía sigue «anclado en el pasado» y no se ha empapado de esta apestosa manera de hacer las cosas «a lo Apple» (aunque estoy segura de que no tarará en «ponerse al día»). Aparte, en windows mobile, al ser más viejuno, existen más aplicaciones, algunas de ellas hasta libres, y las que no lo son al menos no te tocan (tanto) los huevos.
Tengo la esperanza, sin embargo, de que el software libre de verdad sea capaz de dar el salto al mundo de los teléfonos móviles. Cuando eso ocurra, entonces y solo entonces, seré feliz con un móvil. Cuando él me sirva a mí, y no a la compañía que me lo ha vendido o le ha hecho el software.